martes, abril 29, 2008

Anarquismo revolucionario e individualismo

Simón Rodríguez Porras

Recientemente se ha puesto de moda acusar de "anarquismo" a los sectores de la izquierda revolucionaria que mantienen posiciones críticas con relación a determinadas políticas del gobierno.

La referencia presidencial al "anarquismo" de las consignas de la marcha del 27 de febrero de 2008, convocada por la Asamblea Popular Revolucionaria de Caracas, es uno de los ejemplos más notorios de esta tendencia.

De manera simplista, se señala al anarquismo como una ideología reaccionaria. No hay que ser anarquista para reconocer un error en ese método, que no critica sino que tergiversa el contenido de la doctrina. Este es un momento propicio para valorar en su justa dimensión el legado histórico del anarquismo. Este primero de mayo estaremos conmemorando 122 años del inicio de una huelga por la jornada de ocho horas, la cual derivó en la masacre de la plaza de Haymarket, y luego la ejecución de los cinco mártires de Chicago.

Estos mártires, al igual que Sacco y Vanzetti, fueron ejecutados por órdenes del sistema judicial estadounidense, por el único crimen de su activismo comprometido con la clase trabajadora. Y eran anarquistas. Evidentemente, los agentes de la burguesía que ordenaron su ejecución no consideraban al anarquismo como una ideología funcional al sistema capitalista.

El anarquismo se diferencia del marxismo fundamentalmente en la cuestión del socialismo, como etapa de transición hacia el comunismo: tanto para los marxistas como para los anarquistas, el comunismo es la disolución del Estado, el fin de la división de la sociedad en clases; pero los anarquistas no conciben la idea de un Estado revolucionario, en transición hacia el comunismo. De esa diferencia con el marxismo se derivan aspectos de su praxis, como la táctica de no organizarse en un partido, o la decisión estratégica de no luchar por la toma del poder del Estado. El anarquismo revolucionario, el del clasismo militante y anticapitalista, tuvo su auge entre los finales del siglo XIX y la primera mitad del XX, destacándose la experiencia del anarcosindicalismo español durante la segunda república. Actualmente esa tradición revolucionaria del anarquismo ha quedado muy reducida como corriente. El nihilismo es lo que abunda ahora, a nombre del anarquismo, y tiene muy poco de revolucionario. En Venezuela, algunos de estos grupos que se proclaman anarquistas, participan en las movilizaciones de la derecha, valoran positivamente al movimiento estudiantil reaccionario, e incluso participan en acciones de corte fascista, como el ataque a la Escuela de Trabajo Social de la UCV, realizado a finales del año pasado.

Muchos detractores del anarquismo suelen asimilar este término a la noción del "individualismo" burgués, o pequeñoburgués. Se suele criticar el individualismo de la sociedad capitalista. Pero, ¿es realmente cierto que esta sociedad valore la individualidad?

Las evidencias cotidianas apuntan a la conclusión de que esta sociedad prácticamente niega la posibilidad del individuo, al emplear todos sus medios en convertir a la persona en máquina consumidora y productora de plusvalía, las únicas cualidades "humanas" cuyo desarrollo le interesan a la clase explotadora. Basta con observar los medios de comunicación de masas, esa horrible maquinaria destructora de la personalidad individual, que mastica las mentes y las hace uniformemente alienadas. El objeto de la revolución es liberar al individuo de las cadenas capitalistas (la explotación material y la ideología capitalista son eslabones de la misma cadena) que le impiden llegar a realizar su individualidad.

No hay que concederle a la burguesía esa pretendida defensa de la individualidad, pues se trata de una de sus más importantes mentiras propagandísticas. La cara opuesta del "individualismo" burgués no es la negación del individuo a nombre de lo colectivo. La respuesta revolucionaria a la concepción burguesa del individuo es decir que no existe tal oposición entre individuo y sociedad, sino que se trata de dos niveles de una misma realidad (no hay sociedad sin individuos, ni individuos que vivan y se formen aislados en un tubo de ensayo) y que la libertad individual será una realidad para todos cuando la sociedad sea liberada de la opresión de una clase sobre otra, y de todas las taras culturales que la violencia organizada del Estado burgués supone.

Un revolucionario es, sobre todo, un humanista, alguien que apuesta al libre desarrollo de la personalidad, y que reconoce en la revolución el medio para construir las condiciones de esa libertad.

Concluyo citando extensamente un fragmento del texto "La Política del Consejo", de Mijail Bakunin, escrito en 1869, y en el cual se reflejan algunos rasgos importantes del anarquismo revolucionario. Estos se diferencian claramente, tanto de las caricaturas que realizan sus detractores, como de lo que reivindican muchos de quienes hoy se dicen anarquistas.

"¿Sabe usted que entre el proletariado y el burgués existe un antagonismo mortal que es la consecuencia lógica de las posiciones económicas de las dos clases? ¿Sabe que la riqueza del burgués es incompatible con la comodidad y la libertad de los trabajadores, porque dicha riqueza excesiva está, y puede solamente estar, construida sobre el robo y la esclavitud de los trabajadores? ¿Entiende que, por esta misma razón, la prosperidad y la dignidad de las masas trabajadoras exigen inevitablemente la abolición completa de la burguesía? Sin embargo, ¿usted también comprende que ningún trabajador aislado, no importa cuán inteligente y enérgico él sea, puede luchar con éxito contra las fuerzas excelentemente bien organizadas de la burguesía, cuya ofensiva es mantenida, principalmente, por la organización del Estado -todos los Estados-?

¿No ve que, para hacerse realmente fuerte, usted no debe unirse con el burgués, que sería una locura y un crimen hacerlo, puesto que todo burgués, en cuanto perteneciente a su clase, es nuestro enemigo mortal; ni con los trabajadores que han desertado, abandonando su propia causa, y que se han rebajado para pedir la benevolencia de las clases gobernantes?

(...)

Si Ud. sabe y comprende todo esto, puede entrar en nuestro campamento, independientemente del resto de sus convicciones políticas o religiosas.

Pero si Ud. está junto a nosotros, y mientras que Ud. está con nosotros, Ud. deseará comprometer todo su ser, todas sus acciones así como sus palabras, a la causa común como expresión espontánea y sin reservas de aquel fervor de lealtad que inevitablemente tomará posesión de Ud., tendrá que prometer:

1. Subordinar su interés personal e incluso familiar, así como su ideal y actividades políticas y religiosas, al interés más alto de nuestra asociación, a saber, la lucha del trabajo contra el capital, la lucha económica del Proletariado contra la Burguesía.

2. Nunca, en su interés personal, comprometerse con la burguesía.

3. Nunca intentar afianzar una posición sobre sus compañeros obreros, pues con ello usted se volvería inmediatamente un burgués y un enemigo del proletariado, ya que la única diferencia entre los capitalistas y los obreros es esta: el primero busca su bienestar individual, y en desmedro del bienestar de la comunidad, mientras el bienestar del último depende de la solidaridad de aquellos que son robados en el campo industrial.

4. Permanecer siempre, y por toda la vida, fiel al principio de la solidaridad del trabajo, pues la traición más pequeña a este principio, la más ligera desviación de esta solidaridad, es, ante los ojos de la Internacional, el más gran crimen y vergüenza con que un obrero puede ensuciarse.

(...)

Cada obrero, en el fondo de su corazón, está anhelando una existencia realmente humana, es decir bienestar material y desarrollo mental fundados en la justicia, o sea, igualdad y libertad para todos y cada uno de los trabajadores. Esto no puede realizarse en la organización política y social actualmente existente, la cual se funda en la injusticia y el robo descarado de las masas trabajadoras.

Por consiguiente, cada obrero reflexivo se vuelve un socialista revolucionario, desde que le obligan a que comprenda que su emancipación sólo puede lograrse por el derrocamiento completo de la sociedad actual. O esta organización de la injusticia con su completa máquina de leyes opresivas y de instituciones privilegiadas desaparece, o bien se condena al proletariado a la esclavitud eterna. Ésta es la quintaesencia de la idea socialista, cuyo germen puede hallarse en el instinto de cada obrero de pensamiento serio. Por consiguiente, nuestro objetivo es hacerlo consciente de lo que él quiere, para despertar en él una idea clara que corresponda con sus instintos. Para el momento en que la conciencia de clase del proletariado se haya levantado hasta el nivel de sus sentimientos instintivos, su intención se habrá convertido en determinación, y su poder será irresistible."

viernes, marzo 28, 2008


Discurso de grado



Simón Rodríguez Porras


(Saludos a las autoridades, etc.)

De quienes están recibiendo hoy un título, quiero extender un especial saludo a aquellos que provienen de la clase trabajadora, para quienes los estudios superiores suponen una serie de dificultades económicas, las cuales son expresión de las enormes desigualdades sociales que caracterizan a nuestra sociedad. Saludo también a los trabajadores de ULA TV, cuya lucha considero admirable.

Estas palabras van comprometidas sobre todo con quienes, en nuestra sociedad, están menos representados aquí hoy.

¿Cuál es el significado de este acto, y del título que recibiremos?

El acto en sí es una reminiscencia de aquello que los estudiantes de Córdoba llamaron “la antigua dominación monárquica y monástica”. Todos sus símbolos aluden a aquella época, en la que se proclamaba el temor a Dios como el inicio de la sabiduría, tal y como reza el escudo de la Universidad de los Andes. Hay que reconocer que no se trata de símbolos vacíos. Aunque este año se cumplan 90 años del Manifiesto de Córdoba y de una rebelión estudiantil en contra de ese viejo orden, la que daría inicio al movimiento por la reforma universitaria; el espíritu monárquico de la vieja universidad ha sobrevivido, aunque algunas de sus formas hayan cambiado.

El Dios al que se refiere el escudo universitario ya no es el mismo. Ha sido reemplazado por otro, tan poderoso como para subordinar la acción de la institución académica. Se trata del Mercado. Sus valores son los que animan hoy a la universidad. Se supone que este título tiene un valor de cambio en nuestra sociedad, que es un instrumento para conquistar privilegios y cierta condición social. Tal es el sentido que la ideología dominante le adjudica a la educación que nos hemos procurado en este tiempo. Yo espero que, para nosotros, el pergamino que vamos a recibir no tenga esa connotación de prerrogativa, sino que simbolice el compromiso y la responsabilidad social que deben orientar nuestro trabajo para que pueda constituir un aporte en la construcción de una sociedad justa y solidaria.

Al poner las competencias que hemos adquirido al servicio de ese proyecto colectivo del cual hoy la universidad carece, estaremos demostrando que nuestro espíritu no ha sido domesticado. La única verdadera muestra de amor que podemos brindar a esta sociedad es luchar por transformarla. Que todo lo que hagamos sea testimonio de esa convicción.

viernes, marzo 21, 2008

El abrazo de Chávez y Uribe es una derrota moral para los pueblos

Simón Rodríguez Porras




El ejército colombiano bombardea, la madrugada del 1 de marzo de 2008, un campamento en el que estaban durmiendo un grupo de guerrilleros y algunos estudiantes mexicanos. Luego del bombardeo, un grupo de militares y policías entran a rematar a los heridos. Mueren alrededor de veinte guerrilleros, entre ellos, Raúl Reyes, quien formaba parte del secretariado de las FARC, y un grupo de estudiantes mexicanos. El campamento estaba dos kilómetros adentro en territorio ecuatoriano.
En la primera versión de los hechos ofrecida al gobierno de Ecuador, Uribe declaró que hubo un enfrentamiento militar con el grupo guerrillero en la frontera, que este se retiró hacia territorio ecuatoriano y en la persecusión en caliente fue aniquilado. Uribe tenía buenas razones para mentir, pues había ejecutado una masacre en abierta y deliberada violación de la soberanía del Ecuador. Además, con esa versión se ocultaba la fría planificación del asesinato del negociador de las FARC para el canje humanitario, Raúl Reyes.

El canje humanitario viene siendo planteado desde hace varios años por la guerrilla y por sectores de la sociedad civil colombiana, y aunque el gobierno de Uribe nunca se ha mostrado partidario de establecer negociaciones con la guerrilla, pues niega la dimensión política de la guerra en Colombia, el año pasado accedió a autorizar la mediación de la senadora liberal Piedad Córdoba y el presidente Hugo Chávez. Esta apertura hacia la posibilidad del canje ocurrió bajo la presión de las escandalosas revelaciones que surgieron en los procesos judiciales abiertos a varios políticos del entorno más cercano a Uribe por sus estrechos vínculos con el terrorismo paramilitar.

La decisión del gobierno colombiano de asesinar al enlace de las FARC con los gobiernos francés, ecuatoriano, y venezolano, tenía como objetivo directo la interrupción de las conversaciones para la liberación unilateral de varios civiles bajo cautiverio, entre ellos la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt. El comandante de la Policía Nacional de Colombia admitió, pocas horas después de la operación militar en el Ecuador, que el gobierno ecuatoriano estaba realizando contactos con Raúl Reyes para la próxima liberación de Ingrid Betancourt y otros civiles en poder de las FARC.

Uribe se ha pronunciado en varias ocasiones por el rescate armado de los rehenes, aún en contra de la protesta de los familiares de esos rehenes. En su delirio fascista, incluso le ha pedido al gobierno francés que impida hablar públicamente a los familiares de Ingrid Betancourt, bajo la acusación de que son "radicales", y "cercanos a las FARC".

Además, el ataque en el Ecuador ocurre a pocos días de una marcha nacional e internacional convocada en contra del paramilitarismo en Colombia, a realizarse el 6 de marzo. Para un gobierno comprometido con los paramilitares, era importante minimizar la trascendencia de una marcha en contra del terrorismo de Estado.

Al Uribe plantear que los familiares de Ingrid Betancourt son "cercanos a las FARC", expresa mucho más que una opinión personal, está delatando una estrategia represiva. Todo el que enfrenta la política de la clase dominante en Colombia es considerado por el Estado como "cercano a las FARC", y por eso es que Colombia tiene una de las poblaciones desplazadas más grandes del mundo, tiene la mayor cantidad de sindicalistas asesinados en el mundo, y a los defensores de los derechos humanos y los periodistas independientes se les persigue bajo la misma fórmula. El método no es original, todos los regímenes fascistas criminalizan y asesinan a la oposición política bajo el cargo de colaboración con el terrorismo.

Más de cincuenta años de guerra civil no se explican con la propaganda del gobierno colombiano, que plantea que los grupos insurgentes son bandas de delincuentes y narcotraficantes que utilizan el terrorismo para asegurar sus negocios. Desde que el Estado colombiano lanzó sus primeras operaciones militares masivas en contra de los campesinos alzados en armas en Marquetalia, se descalificó a los rebeldes como "bandoleros", y otros términos similares. El lenguaje no ha cambiado, y ha servido históricamente para justificar crímenes políticos horribles, como el exterminio del partido Unión Patriótica.

Lo nuevo es la relación directa de Uribe y su gobierno con el narcotráfico y el paramilitarismo. De acuerdo con documentos desclasificados por el gobierno estadounidense, desde los inicios de su carrera política, en la década de los 80, Uribe estuvo estrechamente ligado al Cartel de Medellín, liderizado por Pablo Escobar. Luego, como gobernador de Antioquia, creó la red paramilitar "Convivir". Quienes fundaron junto con Uribe el partido "Colombia Democrática", hoy están privados de su libertad mientras se les juzga por sus vínculos con los grupos paramilitares y con masacres perpetradas por éstos. Los jefes del paramilitarismo han reconocido que lograron coaccionar a la población de zonas rurales bajo su control para que votaran por Uribe en su primera elección presidencial, así como por legisladores de su corriente ultraderechista.

Luego de la violación de la soberanía ecuatoriana por parte de las fuerzas armadas colombianas, hubo una reacción generalizada de repudio en Latinoamérica. Ecuador y Venezuela movilizaron tropas hacia sus fronteras con Colombia, y rompieron relaciones diplomáticas con el régimen fascista de Uribe, medida que fue imitada por Nicaragua. El presidente Chávez dijo que, para su gobierno, una agresión semejante a la sufrida por Ecuador sería motivo de una guerra con Colombia, e incluso amenazó con expropiar algunas empresas colombianas. La respuesta del gobierno uribista fue acusar a los gobiernos de Ecuador y Venezuela de colaborar con las FARC, además de amenazar con demandar a Chávez en La Haya por "financiamiento de genocidas", y rayó en la locura cuando denunció que la guerrilla había adquirido uranio y se había convertido en una amenaza terrorista a nivel planetario. Paradójicamente, fue el gobierno colombiano el demandado en 2005 en La Haya por su responsabilidad en más de dos mil masacres.

Luego de una tímida resolución de la OEA en la que se reconocía la violación de la soberanía ecuatoriana, pero no se condenaba a Colombia, se llevó el tema a la Cumbre del Grupo de Río, el 7 de marzo. De manera increíble, el presidente Chávez, quien días antes había denunciado con justicia a Uribe y su gobierno por paramilitar y narcotraficante, presentó una posición conciliadora frente a un Uribe insolente, que no escatimó oportunidades para lanzar los más desquiciados ataques en contra del gobierno ecuatoriano. El canciller dominicano, el presidente peruano, y otros representantes de los gobiernos derechistas de la región celebraron el rol jugado por Chávez para lograr un acuerdo supuestamente satisfactorio para todas las partes. En realidad la exigencia de una condena al gobierno colombiano por su violación a la soberanía ecuatoriana no fue satisfecha, pues el Grupo de Río se limitó a reconocer el hecho sin emitir condena alguna. La posición conciliadora de Chávez frente a Uribe le permitió al régimen fascista en Colombia saldar su crimen con una disculpa y el compromiso de no volver a violentar la soberanía de sus vecinos, una salida ridícula adornada con sonrisas y aplausos que lesiona la dignidad de los pueblos latinoamericanos. Nicaragua reanudó sus relaciones diplomáticas con Colombia, y un Ecuador aislado aceptó la resolución. Es lamentable que el Estado venezolano haya asumido una posición semejante, existiendo precedentes de violación a la soberanía de Venezuela tan graves como los secuestros de Jaime Ballestas y Rodrigo Granda en la ciudad de Caracas por parte de funcionarios del DAS colombiano.

En un momento estelar en el que quedó al descubierto el absoluto desprecio del gobierno colombiano por la legalidad internacional, y en el cual se hubieran podido tomar medidas de verdadera presión sobre Colombia, Venezuela pudo haber mantenido la suspensión del comercio binacional e invitado a más países de la región a romper relaciones diplomáticas con Colombia y reconocer el carácter beligerante de la insurgencia. De esta manera habría logrado presionar efectivamente al régimen de Uribe, y asomarían nuevas perspectivas para una salida negociada a la guerra en Colombia, antes de que el imperialismo estadounidense logre su objetivo de internacionalizar el conflicto como una estrategia para profundizar su control militar en la región. Sin embargo, la diplomacia venezolana despreció esta oportunidad histórica y optó por tender al régimen uribista un nuevo puente.

Mientras transcurría este espectáculo deprimente, se anunciaba en las agencias internacionales la entrega de la mano amputada de Iván Ríos. Este integrante del secretariado de las FARC había sido asesinado por supuestos desertores de la guerrilla, convertidos en sicarios para cobrar los 2,6 millones de dólares que el gobierno colombiano ofrecía por su entrega. Según Reuters, "La Bolsa de Valores de Colombia cerró con un alza de un 2,64%, en una jornada activa, alentada en la última media hora de negocios por el anuncio del Ejército de Colombia de la muerte de un líder de la mayor guerrilla izquierdista del país" (Diario Panorama, 8/3/2008).

El festín de los hipócritas en el Grupo de Río fue bautizado como una victoria de la paz por la prensa internacional. Y Colombia siguió desangrándose.
La arremetida contra Tascón pone en entredicho a la "derecha endógena"

Simón Rodríguez Porras



Más allá del juicio de valor que merezca la trayectoria del diputado Luis Tascón, el proceso por medio del cual ha sido execrado del bloque parlamentario del PSUV, y prácticamente del partido, dice mucho sobre el carácter del gobierno y merece seria atención.

El 12 de febrero de 2008, Tascón introdujo una denuncia ante la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional por un presunto sobreprecio en un punto de cuenta presentado al Presidente de la República. De acuerdo con la denuncia, el sobreprecio presentado en el presupuesto para la adquisición de un lote de unidades de transporte llegaba al monto de 6.5 millardos de bolívares (6.5 millones de BsF). El punto de cuenta fue presentado el 17 de marzo de 2007 al Presidente Chávez por el entonces ministro de Infraestructura, José David Cabello. La solicitud fue aprobada por el Presidente y por la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional en un crédito adicional. “Sería interesante que investiguemos esto partiendo del principio de una disparidad entre lo que es el precio real establecido de las unidades de transporte para el momento, y lo establecido para el punto de cuenta”, declaró Tascón. (http://www.aporrea.org/contraloria/n109067.html)

José David Cabello, el denunciado y recién nombrado superintendente del SENIAT, no ha hecho declaraciones públicas sobre el caso. Su hermano, Diosdado Cabello, respondió a la denuncia diciendo que "la falsa izquierda es nuestro verdadero enemigo", que Tascón es "un instrumento del imperio", y que Bill Gates le habría inyectado "un chip en la sangre" a Tascón. (http://www.aporrea.org/contraloria/n109113.html)

La reacción de la presidenta de la Asamblea Nacional fue igual de absurda, pero de implicaciones mucho más graves, al pedir que se destituyera al presidente de la Comisión de Contraloría, Julio Moreno, por recibir la denuncia de Tascón. También aseguró que Tascón se habría autoexcluido del Partido Socialista Unido de Venezuela al hacer la denuncia, dejando implícita la idea de que un militante de ese partido no puede denunciar hechos de corrupción. (1)
(http://www.aporrea.org/actualidad/n109228.html)

El 16 de febrero, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez declararon en VTV que Tascón había sido expulsado del PSUV “de forma unánime por la plenaria del Congreso Fundacional” de ese partido. Diosdado Cabello aclaró que la expulsión se había justificado por la denuncia de Tascón en contra José David Cabello. En defensa de su hermano, dijo que los vehículos objeto de la denuncia no habían sido comprados aún. “¿Cómo va a haber sobreprecio si los vehículos no se han comprado?”. (http://www.aporrea.org/actualidad/n109239.html)

Se puede observar que esa torpe defensa no desmerita la denuncia original, pero sí añade una grave irregularidad al expediente. Para establecer si hubo sobreprecio sólo hay que verificar si los precios contenidos en el punto de cuenta se corresponden con los precios reales de los vehículos. Ahora bien, si además de solicitar recursos con un sobreprecio, no se ha efectuado la compra casi un año después, como admite Diosdado Cabello, queda en evidencia otra irregularidad. ¿Por qué no se han ejecutado esas compras? ¿Qué intereses y comisiones bancarias se han originado hasta el día de hoy?

En realidad, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello mintieron cuando declararon que Tascón había sido expulsado del PSUV por unanimidad, como el propio Rodríguez admitió cinco días después:
“Tascón no está expulsado de la organización y sí tendrá su derecho a la defensa, pero sólo cuando los estatutos y los órganos disciplinarios del partido estén constituidos, para lo cual aún restan dos semanas de debate en el Congreso Fundacional.”
(http://www.aporrea.org/actualidad/n109475.html)

También hubo un reacomodo en cuanto al juicio sobre la acción del diputado, ya el problema no era el contenido de la denuncia sino la forma en que se había realizado:
“Rodríguez cuestionó que Tascón realizara la denuncia ante las cámaras de Globovisión y consideró pertinente tramitarla por sus canales adecuados de diputados” (http://www.aporrea.org/actualidad/n109475.html). (2)

La declaración encierra nuevas falsedades. En efecto, la denuncia se realizó ante la Comisión de Contraloría de la AN, que es un canal regular, pero cuyas sesiones son públicas y cuentan con la presencia de los medios de comunicación privados. Siendo consecuente en tomar decisiones nefastas frente al caso, la directiva de la AN ha girado instrucciones para que no se permita la presencia de los medios en las futuras sesiones de esta Comisión.
El 21 de febrero, los diputados del PSUV acordaron por unanimidad suspender a Tascón del bloque parlamentario. Según el jefe del bloque, Mario Isea, la denuncia realizada era una muestra reprochable de iniciativa individual. “Esto tiene que ver con la actuación recurrente (de Tascón), en términos individualistas… (él) tiene una actuación individual que raya en la anarquía”.
(http://www.aporrea.org/contraloria/n109512.html)

Aunque la expulsión de Tascón del PSUV nunca fue votada en el congreso del partido, fue el presidente Chávez quien solicitó la medida. Luego de la controversia suscitada por la denuncia de corrupción, el presidente apareció en varias alocuciones públicas al lado de Diosdado Cabello. En el programa La Hojilla del 27 de febrero, el presidente declaró sobre el caso: “Luis Tascón desde hace rato largo que anda con conductas muy extrañas… Yo solicité la expulsión de Luis Tascón del PSUV, porque no podemos nosotros comenzar así, dando demostraciones de tanta indisciplina, irresponsabilidad. ¡Que presente las pruebas! Pero no las presenta, sino que anda disparando contra el que le plazca. (3) Además yo sé por dónde viene Tascón, a él no le gustó para nada el cambio en el SENIAT, entonces viene a atacar a mansalva a un muchacho. Tendrá que demostrármelo con pruebas, pero hasta donde yo conozco a José David Cabello, es un muchacho humilde, trabajador como el que más, calladito, disciplinado. Ahora, sí me lo demuestra, bueno, está bien, que vaya preso.”
(Audio: http://s9.video.blip.tv/1260002513243/CodigoSur-CasoDeLinaYTascnHugoChavez27FEnLaHojillaTV357.mp3)

El presidente también se refirió a una llamada que hizo a La Hojilla en otra ocasión, impulsado por unas denuncias que estaba haciendo Tascón en ese momento. Aunque el presidente no recordaba exactamente lo que motivó su llamada, muchos sí lo recordamos. Fue un programa en el que Tascón y Mario Silva criticaban el manejo que se le había dado en VTV al caso de Walter Martínez y su expulsión del canal por denunciar la corrupción gubernamental. La llamada de Chávez tuvo el propósito de llamar a la “disciplina” a Tascón y a Mario Silva, y cortar en seco la línea contestataria que estaba adquiriendo la discusión.

En el marco de esta confrontación pública, Tascón señaló a Diosdado Cabello como el jefe de la llamada “derecha endógena”. Está claro que Cabello carece del prestigio popular de Chávez, por lo tanto se beneficia de la defensa presidencial ante las denuncias de corrupción en contra de José David Cabello. Lo que hay que preguntarse es por qué el presidente asume de manera tan directa y a fondo la defensa de los hermanos Cabello. En vista del papel desempeñado por el presidente en este caso, y el viraje notorio hacia la derecha que bajo su conducción ha tomado el gobierno luego de la derrota del referéndum constitucional (4), hay que revisar seriamente el concepto de “derecha endógena”, o lo que antes se llamó “el chavismo sin Chávez”. ¿Está realmente infiltrada y encubierta, casi clandestina, la derecha en el gobierno? ¿Puede estar interesada esa derecha en conspirar en contra de Chávez? Los hechos tornan cada vez más difícil sostener esa idea.

Notas:

1.- El diputado Carlos Escarrá insistió en esta versión:
“La denuncia contra Luis no es por lo que haya denunciado, sino cómo lo hizo y en qué escenario lo hizo… Luis equivocó el escenario de las denuncias, y eso trajo una consecuencia que lamentamos, y vamos a ver en todo caso cómo se puede reorientar y hasta revertir esa situación”.
“Dentro del seno del partido es que se pueden hacer las denuncias, acusaciones e investigaciones. Yo lo que considero es que no se debe hacer la denuncia hacia afuera sin las pruebas hacia adentro. Aquí no se trata de no denunciar, de perseguir a quien denuncia, sino se trata de seguir un escenario (sic) para las denuncias”. (http://www.aporrea.org/contraloria/n109327.html)
Es digna de reflexión la intención del diputado Escarrá de tratar la corrupción administrativa como un problema partidista, al sugerir que las denuncias no se hagan ante los organismos contralores del Estado sino en “el seno del partido”.

2.- El comité disciplinario ad hoc del PSUV, presidido por Diosdado Cabello, ya había anunciado la expulsión de Tascón el 9 de noviembre de 2007, debido a unas declaraciones en las que el diputado consideraba que la posición del ex general Raúl Isaías Baduel en contra de la reforma constitucional había que rebatirla con argumentos propiamente políticos, y no descalificándolo en el plano personal. (http://www.aporrea.org/ideologia/a44308.html).
Luego del debate público suscitado por la expulsión, otro miembro del comité disciplinario, Roberto Hernández, declaró que no había tenido lugar una expulsión, sino una “autoexclusión”, una manera ambigua de dar marcha atrás a la medida.

3.- Luis Tascón presentó la copia del punto de cuenta con el presunto sobreprecio ante la Comisión de Contraloría de la AN y la Contraloría General de la República.

4.- Aunque el presidente Chávez anunció luego de la derrota electoral una política de “Tres erres” (Revisión, Rectificación y Reimpulso), las medidas más significativas adoptadas apuntan hacia la derecha: amnistía para los golpistas y saboteadores del 2002 y el 2003, negociación tripartita del salario mínimo con la CTV, el anuncio público de una alianza con la “burguesía nacional”, una rotación de ministros que ratificó a los elementos más retrógrados del gobierno (como el ministro del trabajo), la liberación de los precios de los alimentos, entre otras medidas.

jueves, enero 24, 2008

El debate sobre la amnistía obliga a revisar la conciliación de clases como política de gobierno

Simón Rodríguez Porras

En estos momentos se desarrolla un importantísimo debate sobre el significado del decreto de amnistía firmado por el presidente Chávez, que nos obliga a revisar la orientación misma del gobierno nacional. En este marco, Emelina Morillo y Rodrigo Quijada han respondido a mi artículo "El presidente Chávez empezó a cobrarse los votos que le faltaron a su reformismo" (http://www.aporrea.org/ddhh/a48457.html). Este debate forma parte de un ejercicio democrático indispensable para el desarrollo de cualquier proceso revolucionario, y la página aporrea.org está sirviendo de medio privilegiado para que esta discusión pueda realizarse. En una coyuntura histórica tan compleja como la actual, hace falta valentía y verdadero compromiso revolucionario para mantener la amplitud democrática necesaria para un debate como el que hoy estamos dando, pues no son pocos los enemigos de la discusión, ni pequeños los intereses afectados por la crítica de izquierda.

Emelina Morillo me ha enviado una breve nota en la que expresa lo siguiente:

"Bueno, ¿No votaron por el No? ¿Que no quieren socialismo, que lo que quieren es a un presidente de la derecha, que vuelva el pacto de Punto Fijo, que regresen las negociaciones, que sea Fedecámaras quien ponga el sueldo mínimo, que ellos sean los que designen al ministro de Finanzas, en fin, que estemos en la IV República? Bueno aquí tienen y no se quejen".


El comentario de Morillo viene a justificar el giro a la derecha del gobierno, que se ha acentuado luego del referendo de diciembre, como un pase de factura contra el pueblo que no votó a favor de la reforma. Ha sido el gobierno, empezando por el propio presidente Chávez, quien ha interpretado el resultado electoral en esos términos: el pueblo no está maduro para el socialismo, la reforma era demasiado avanzada, etc. Luego, si el pueblo no quiere socialismo, entendiendo por “socialismo” el proyecto de reforma, porque esa propuesta era demasiado avanzada, cabe esperar un retroceso brutal de parte del gobierno. La anunciada rectificación del gobierno entonces es una mayor derechización, mayores concesiones a la burguesía y a sus apéndices organizativos, como Fedecámaras, la CTV, o los políticos fascistas, hoy beneficiados por la amnistía presidencial.
Ahora bien, si la reforma era tan revolucionaria como planteaba el gobierno, resulta incomprensible que ese mismo gobierno hoy avance en sus negociaciones y pactos con la burguesía. ¿Cómo es eso de que el gobierno es revolucionario un día y al rato ya no, dizque para castigar a la gente? Extraña forma de ser revolucionario.
En realidad no hubo un giro espectacular en la política del gobierno, pues esa reforma no era socialista. La intención de alcanzar acuerdos con los capitalistas para lograr un clima estable de gobernabilidad, o minimización de las contradicciones, era un propósito previo al proyecto de reforma, el cual se mantenía vigente en ese proyecto, y que hoy en día se evidencia contundentemente a través de medidas como la liberación de los precios de los alimentos, los acercamientos con la CTV, o la amnistía.
El resultado del referendum refleja, sobre todo, la erosión de la confianza popular en el gobierno, pero no porque el gobierno lleve a cabo políticas demasiado revolucionarias, sino por todo lo contrario. No es que el pueblo no esté a la altura del gobierno; es el gobierno el que no satisface las expectativas del pueblo, con sus políticas timoratas e ineficaces, y las tremendas contradicciones entre el discurso y la práctica.

Resulta que la mayoría de la gente que no votó la reforma tampoco quiere que se restaure el pasado neoliberal, ese es un mito estúpido alimentado por ciertos fanáticos enceguecidos por la derrota. Esa mentira le otorga una fuerza a la derecha que ella realmente no posee. Si en Venezuela hubiera cuatro millones de adecos, o de fascistas, nosotros no estaríamos dando esta discusión. La fallida reforma y la amnistía son coherentes en tanto instrumentos que buscan un equilibrio entre clases sociales antagónicas, ambos persiguen la conciliación entre explotadores y explotados, capitalistas y trabajadores. Distintos medios y el mismo fin, se trata de una política impulsada por el gobierno, antes y después del referendo.
El resultado del referendo no le da al gobierno carta blanca para entregar las conquistas sociales. Son conquistas sociales porque nos las ganamos en la lucha como movimiento social, no nos las regaló nadie. La UNT es una conquista de los trabajadores venezolanos que el gobierno intenta enterrar, otorgando curúles y el Ministerio del Trabajo a ex dirigentes sindicales de las tendencias burocráticas que no quieren ver una central obrera fortalecida, precisamente para que desde esos espacios en el Estado se ataque a las organizaciones sindicales autónomas y se torpedeen las luchas obreras más emblemáticas; y más recientemente esto se evidencia con el llamado a negociaciones a la CTV, que es un cascarón vacío.

Rodrigo Quijada ha escrito un artículo titulado "Respuesta a los camaradas opositores" (http://www.aporrea.org/ddhh/a48496.html), y aclara que se refiere a con ese título a "ciertos camaradas, que se han dado a la tarea de querer ser más marxistas que Marx, y más revolucionarios que el Ché". Y, más concretamente, aclara que se refiere a mi persona, y a Jesús Rivas, quien ha publicado un artículo proponiendo un referéndum abrogatorio contra el decreto de amnistía. Quijada no aclara de dónde infiere la intención de ser más marxistas o guevaristas de la cuenta.
El articulista cita a David Karvala para sentenciar que no se puede calificar al Presidente, o más propiamente a su política, de reformista. La cita que utiliza en realidad es muy buena para explicar por qué la política del gobierno sí es reformista. Veamos lo que dice Karvala:

“La esencia del reformismo es la búsqueda de reformas en el capitalismo, sin romper con este sistema. En el período de boom, esto era posible. Pero desde los años 70 en adelante, hemos vivido varias crisis importantes. Ya no se permite la ambigüedad; se puede luchar por mejorar la vida de la mayoría de la gente o se puede defender al sistema. No se puede hacer ambas cosas a la vez.”
Lo que define básicamente al capitalismo es el predominio de la propiedad privada de los medios de producción. Romper con este sistema es socializar la gran propiedad productiva y avanzar hacia la planificación democrática de la economía. Sólo por la vía del socialismo se pueden atender los intereses de las mayorías populares, y por el carácter antagónico de las clases sociales, no se puede favorecer al mismo tiempo a quienes se lucran de la injusticia y quienes son sus víctimas. Cuando Karvala señala que el reformismo es inviable, no dice nada que no forme parte del debate clásico sobre reforma y revolución. La política del gobierno no busca para nada “romper con este sistema”, sino que trata de hacer algo imposible a juicio de Karvala y de cualquier socialista revolucionario, a saber: mejorar las condiciones generales de vida de la población y mantener al capital en una actitud de cooperación con ese proyecto. Es por esa razón que ese socialismo del siglo XXI es un socialismo utópico.


Para nadie es un secreto que Venezuela vive un período de boom petrolero, y que el Estado rentista dispone de muchos recursos para financiar programas sociales que ciertamente mejoran la calidad de vida de la población. El sentido político de la asistencia social puede tener signos distintos: si estimula la organización social y la movilización popular, se trata de una política progresista; si desmoviliza y se alimentan clientelas, entonces estamos ante una política populista y reaccionaria. Karvala está en lo correcto cuando dice que no se puede luchar por mejorar las condiciones de vida de las mayorías sin, al mismo tiempo, luchar en contra del sistema capitalista. Eso está relacionado con lo que Trotsky llamó la disolución de la diferencia entre programa mínimo y programa máximo, y lo que significa es que si se toman medidas populares, aún en el marco capitalista, ellas desencadenarán una reacción adversa por parte de la burguesía, la cual utilizará los medios a su disposición para revertir las medidas. Para defender esas medidas mínimas, un gobierno independiente, aún cuando no tenga inicialmente un programa revolucionario, se verá forzado a disputarle a la burguesía la base material de su poder, para poder sobrevivir. Es decir, para defender conquistas mínimas, las perspectivas de la lucha tienen que forzosamente profundizarse hacia medidas revolucionarias, ya con carácter de transición hacia el socialismo. De lo contrario, lo que ocurre es la remisión de las conquistas iniciales. Esto último es apreciable en Venezuela, donde el gran impacto que tuvieron las misiones sociales al momento de su lanzamiento ha dado paso, con los años, a la degeneración burocrática de estos programas y a su ineficiencia para atender los problemas que justificaron su implementación.

El gobierno puede bien proclamar la prohibición del latifundio o de los monopolios en la reforma constitucional. En realidad esto no añade nada nuevo al marco legal vigente, sólo elevaría a rango constitucional estas disposiciones, que por lo demás no son anticapitalistas. Todos los países capitalistas proclaman el principio de la libre competencia, y muchos países tienen legislaciones que definen al latifundio en términos mucho más restrictivos que la Ley de Tierras promulgada en el año 2001. Y sin embargo las tendencias monopolistas están presentes en todas las economías capitalistas, y los seis años desde la promulgación de la ley que prohíbe el latifundio no han sido suficientes para acabar con este flagelo en Venezuela. Como vemos, no bastan las proclamas, que pueden incluso ser revolucionarias, si no son acompañadas en la práctica por las políticas del gobierno. Para hacer una revolución es necesaria la voluntad para enfrentar a los capitalistas hasta las últimas consecuencias, nunca cediendo a sus intereses en perjuicio del pueblo.
Vamos a un par de ejemplos concretos de la inviabilidad del reformismo en Venezuela. Los fascistas se lanzan a la aventura del sabotaje petrolero y paralizan las redes de distribución de alimentos. El gobierno responde creando la red Mercal, como un instrumento antimonopólico. Cómo no hubo voluntad en el gobierno para expropiar la infraestructura del monopolio del almacenamiento y la distribución de los alimentos, hoy en día el mayor proveedor de Mercal es precisamente el monopolio agroindustrial de las empresas Polar. Este ejemplo es muy claro para entender la necesidad de que las medidas mínimas den paso a medidas de transición al socialismo, so pena de perder el pequeño avance inicial, pérdida que el estado actual de Mercal viene a confirmar.


Otro caso: ante la ofensiva de los paros patronales, el presidente Chávez llama a los trabajadores a tomar las empresas que sean cerradas por los patronos, y asegura que nacionalizará las empresas tomadas. El capitalista Álvaro Pocaterra, relacionado con el partido Acción Democrática, suma la empresa Sanitarios Maracay a cada paro patronal organizado por los fascistas. Los trabajadores resisten dignamente contra las maniobras golpistas del patrono y finalmente, ante el abandono del capitalista, toman la fábrica y la ponen a producir bajo control obrero. El gobierno declara, a los seis meses de toma, que la empresa no es estratégica, y le recomienda a los trabajadores que entreguen la fábrica y negocien con el patrono el pago de las deudas pendientes. En agosto de 2007, la burocracia sindical, el patrono, y el gobierno nacional logran quebrar la lucha y acabar con el control obrero. Al día de hoy los trabajadores no han recibido pago alguno por concepto de las deudas acumuladas por la empresa. El gobierno demuestra la vigencia del planteamiento de Karvala: por mucho que se hable de socialismo, no se puede favorecer a las mayorías trabajadoras y al capitalista, todo al mismo tiempo. Ser revolucionario o reformista es sobre todo una opción de clase, o se está con los trabajadores o se está con los explotadores. La política de este gobierno es muy clara cuando las contradicciones se agudizan.

Quijada asegura que la amnistía no perdona a los asesinos del golpe de abril, o el sabotaje petrolero. No hay duda de que los autores intelectuales de los asesinatos de abril son los integrantes del gobierno de Carmona, quienes redactaron y firmaron el decreto dictatorial, y ellos son beneficiarios del decreto. No se puede separar los crímenes de lesa humanidad del propósito al que sirvieron, o la responsabilidad de quienes planificaron esos hechos como un elemento imprescindible del golpe de estado. Quijada considera que Chávez no pisotea con su decreto la memoria del fiscal Danilo Anderson, quien fue asesinado por luchar contra la impunidad, sino que quienes realmente lo insultan son los fiscales que quedaron a cargo de sus investigaciones luego de su muerte. Debemos recordar que precisamente una de las fiscales que quedó a cargo de varios de los casos que dejó pendientes Anderson fue Luisa Ortega Díaz, quien ha sido premiada con su nombramiento como nueva Fiscal General de la República. Desde la perspectiva del gobierno, Ortega Díaz cumplió con su deber. Es imposible deslindar la responsabilidad de los fiscales de la que corresponde al gobierno nacional en el tema de la impunidad, y mucho menos en el caso de los fiscales que sucedieron a Danilo Anderson.

¿Acaso no debemos oponernos como revolucionarios a aquellas políticas del gobierno que van en contra de los intereses de las mayorías y que alejan la posibilidad de una revolución socialista? ¿Hay que ser ultraizquierdista para estar a la izquierda de las políticas que he descrito? Todos estamos llamados a reflexionar honestamente sobre la coyuntura que estamos transitando, y a emplear nuestro mejor esfuerzo en interpretar las señales que envió el pueblo el 2 de diciembre, y las que ha enviado el gobierno luego de esa fecha. Como pueblo organizado tenemos que confiar en nuestras propias fuerzas y movilizarnos por la defensa y profundización del proceso revolucionario, emprender jornadas de lucha en contra de la impunidad, contra la liberación de los precios de los alimentos, contra la negociación del salario mínimo con Fedecámaras y la CTV, y a partir de allí ir conformando una agenda popular más amplia, independiente del gobierno. Al calor de la movilización y las luchas nacerán instrumentos organizativos, como lo sería un partido de la clase trabajadora, que nos permitan disputar el poder del Estado y conquistar un gobierno verdaderamente revolucionario y socialista.


El presidente Chávez empezó a cobrarse los votos que le faltaron a su reformismo

Simón Rodríguez Porras

Un fracaso de año. Comenzamos montados en la expectativa de no haber simplemente reelegido al presidente Chávez, sino haber votado ampliamente por el socialismo, como pregonó la campaña. Rápidamente el presidente se encargó de defraudarnos, nombrando un enorme tren ministerial compuesto por lo más retrógrado de la burocracia emeverreca, desde reformistas sin remedio hasta un neoliberal trasnochado que trató de privatizar las aguas y los recursos mineros a través de una fallida Ley Orgánica de Hacienda Pública Estadal.

Nos cambiaron el socialismo por cinco motores. Luego vinieron unas nacionalizaciones que no tenían tampoco nada de socialistas, pues a través de ellas el Estado en vez de combatir al capitalismo se hacía su socio. Se empezó a organizar un partido que se suponía iba a ser socialista, pero el mismo Chávez se encargó de sellarlo con el dogma de que el marxismo está obsoleto.

La gran conquista del gobierno consistió en apenas aplicar un principio legal válido en casi todos los países capitalistas del mundo, cual es la potestad del Estado de no otorgar una concesión radioeléctrica a un canal de televisión privado. El canal en cuestión usó su frecuencia para justificar los peores crímenes del puntofijismo, como el Caracazo, y para promover los peores crímenes del fascismo en los últimos ocho años, además de incurrir en prácticas monopólicas, y otras salvajadas. A los demás canales del golpismo se les otorgó nuevas concesiones.

Y de resto, mucho pan y circo. Desde supereventos como la Copa América, hasta la sopa más grande del mundo y la parrilla más grande del mundo, organizadas por el Ministerio de Alimentación para figurar en el Guinness, mientras que los empresarios acaparaban impunemente alimentos.

Para más Inri, nos tratan de empujar con uno de esos motores, el de una reforma constitucional que no tiene nada de socialista ni de revolucionaria, porque supuestamente "ahora sí" viene el socialismo. ¿Ahora sí, luego de un año perdido ante el populismo del siglo XXI? ¿Luego de ocho años de calarnos a farsantes vestidos de rojo y con emblemas revolucionarios, pero con hábitos de gobierno burgueses? Hay gente que cree que los burócratas corruptos no promovieron diligentemente la reforma. Otros creemos que lo peor que podían hacer, electoralmente hablando, era promoverla, ya que se trata de personajes odiados por el pueblo. Nadie les podría creer. Cuando un grueso sector del pueblo que ha combatido y derrotado al fascismo en todos los escenarios durante estos años decide no acompañar a los reformistas y el gobierno pierde el referendum, entonces Chávez decide que los revolucionarios de pacotilla están en los barrios, y no en los ministerios, gobernaciones y alcaldías. Y anuncia que él se va a cobrar los votos que los barrios le deben.

Ya empezó a cobrar. El gobierno liberó precios, o los "flexibilizó", y llamó a Fedecámaras y a la CTV a negociar el salario mínimo en Enero. ¡La CTV que no representa a nadie!

Y lo mejor para el último día del año: la reconciliación con el fascismo. El decreto de amnistía es el reverso del decreto de Carmona: para cada atrocidad cometida por los fascistas, un perdón de los reformistas. ¿Quién es Chávez para perdonar el asesinato de más de sesenta personas durante el golpe de abril, o a los muertos del sabotaje petrolero? A Danilo Anderson lo asesinaron por perseguir legalmente a los golpistas. Con esa amnistía, Chávez insulta la memoria y pisotea la dignidad del fiscal del pueblo.

De una vez los justificadores de oficio salen a explicar que se trata de una traición táctica, que la estrategia revolucionaria exige pactar con el fascismo, y otros disparates; otros invocan una disciplina revolucionaria que no tiene nada de revolucionaria, y que más que disciplina es servilismo incondicional.

Los fascistas siempre se han equivocado con nosotros, pues nunca nos han considerado gente. El título de gente era una prerrogativa de ellos, nosotros éramos y seremos siempre animales. Por ese error han sido derrotados. El gobierno comete el mismo error si cree que aplaudiremos como autómatas toda su política de pactar con la derecha. El proceso revolucionario es patrimonio del pueblo, y no de Chávez o sus funcionarios. Lo defenderemos del gobierno si es necesario.
Una derrota para el reformismo, una oportunidad para la revolución

Simón Rodríguez Porras

Por un margen escasamente superior a un punto porcentual, la propuesta de Reforma Constitucional, sometida a referendum por el gobierno nacional el 2 de Diciembre, fue rechazada. Con una abstención de 44,11%, y una participación de poco más de nueve millones de votantes, el margen que decidió el referendum fue de apenas 124 mil votos, para el primer bloque de artículos propuestos, y 187 mil votos para el segundo bloque, quedando por contabilizarse alrededor del 3% de los votos emitidos manualmente y en el exterior.

Se trata de una derrota electoral sin precedentes para el gobierno. El resultado sorprendió incluso a la oposición de derecha, la cual se preparaba para desconocer el resultado, tal y como había venido haciendo en todos los comicios en los que participaba. El abogado constitucionalista Hermann Escarrá, vocero de la derecha, incluso había grabado y publicado en horas de la noche un comunicado en el que llamaba a "desconocer cívica y constitucionalmente" el resultado, y aseguró que se estaría "en las horas del fraude del régimen para anular la voluntad mayoritaria expresada hoy por los electores". (http://www.aporrea.org/actualidad/n105765.html). Estuvo a punto de desconocer su triunfo. Contrastando con esta tradición antidemocrática de la derecha opositora, el presidente Chávez, a nombre propio y de su gobierno aceptó los resultados apenas fueron anunciados. Los voceros del gobierno tratan de minimizar el significado político de una elección que el gobierno definió torpemente en términos de “Con Chávez o contra Chávez”, y tratan de pintar un escenario en el que el fascismo asumirá un comportamiento democrático en el futuro. De esa manera se alimentan expectativas absurdas y contraproducentes.

El resultado electoral significa una ganancia para el fascismo, por cuanto la campaña del "No" se centró en la explotación de prejuicios conservadores y mentiras anti izquierdistas, y el gobierno estadounidense fue el primero en aplaudir la victoria de sus operadores políticos en Venezuela. Mientras que la mayoría de quienes votaron contra la reforma no simpatizan con el fascismo, y esto es fundamental asumirlo, la vocería de esa campaña estuvo representada unánimemente por los sectores fascistas. Esa es la única cabeza visible de la opción electoral que triunfó, y avanzará políticamente gracias a ello. Lejos de lo que pregonan los optimistas, la derecha fascista no cambiará ahora de métodos, precisamente ahora que le han rendido frutos.

Resulta indispensable analizar por qué una capa importante de la población, que no simpatiza con el fascismo, antepuso su rechazo a la reforma a la hora de votar. La explicación a esto sólo puede encontrarse en el proyecto de reforma mismo y en el fracaso de la campaña realizada por el gobierno. Las mayorías populares no defendieron ni promovieron una reforma que no asumían como propia. El resultado electoral aplastó el mito de la popularidad de la reforma, y con ello a una corriente intelectual chavista, sobre todo en el exterior, que toma una fraseología prestada de la tradición revolucionaria para hacer propaganda, más inspirada en la incondicionalidad a Chávez que en el análisis de la realidad. Tal es el caso de Alan Woods:

“En esta batalla ¿quién se opone a la reforma de la Constitución? Fedecámaras, es decir, los terratenientes, los banqueros y los capitalistas; la Conferencia Episcopal, que representa a la jerarquía reaccionaria de la Iglesia; los medios de comunicación de derechas y el imperialismo. Al otro lado de las barricadas están los trabajadores y los campesinos, los pobres y los desposeídos, la juventud revolucionaria y la intelectualidad progresista, en otras palabras, todas las fuerzas vivas de la sociedad venezolana.” (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=59717)

Si la reforma hubiera tenido un carácter revolucionario, eso hubiera sido cierto. El reformismo del gobierno tiene por enemiga a una coalición fascista como la descrita por Woods, sin embargo, mostraron más entusiasmo a favor de la reforma los Empresarios por Venezuela, Confagan, y otros capitalistas, que los mismos trabajadores. La responsabilidad de ello recae sobre el gobierno, que no permitió al pueblo trabajador participar y apropiarse de la propuesta.

Otra corriente que ha quedado desprestigiada frente a la izquierda venezolana ha sido la del intelectual del “Socialismo del Siglo XXI”, Heinz Dieterich, gracias a su manifiesto derechismo en apoyo al general Baduel, sus ambigüedades previas al referendum, y su afán de figurar luego de la votación mediante denuncias anacrónicas. Esperemos que el reformismo del siglo XXI sufra la misma suerte de uno de sus principales intelectuales.

Si se puede afirmar que se trata de una victoria para la derecha fascista, es importante aclarar que la izquierda había sido derrotada antes de la medición electoral. Es correcto que un proyecto socialista no se construya con la participación de los explotadores o las mafias que se deben al usufructo de las injusticias, pero no es eficaz que en la concepción de ese proyecto se excluya a las organizaciones populares y revolucionarias que han defendido el proceso de cambios en Venezuela. El pueblo trabajador debe ser el beneficiario y el primer defensor de tal proyecto, su papel protagónico es imprescindible. Fue el gobierno quien excluyó a los sectores más avanzados del movimiento popular de la discusión de la reforma, y preparó una propuesta que más allá de la propaganda no podría calificarse de socialista o revolucionaria. Si bien la reforma contenía algunos elementos progresistas, también significaba un claro retroceso con relación a varios aspectos de la constitución vigente, particularmente los referidos a la participación democrática del pueblo; y dejaba intactos aquellos elementos que definen al marco legal venezolano como capitalista, sin introducir herramientas para la transición al socialismo.

La campaña enfrentó a dos bloques de mentiras. Sin duda el más macabro fue el del No, que planteaba, de aprobarse la reforma, un escenario apocalíptico que no se correspondía en nada con el contenido de la propuesta. La defensa de la “libertad” y la “propiedad” eran su eje: pregonaban los fascistas que la reforma acabaría con toda libertad personal y propiedad individual, incluyendo curiosamente como una forma de propiedad a “los hijos”, y planteando que también serían estatizados. La defensa de la propiedad como un derecho fundamental, por cierto, implica la negación de la propiedad privada, que sólo puede existir para pocos a condición de la privación de muchos. Semejantes consideraciones, por supuesto estuvieron completamente ausentes en el debate, y las críticas de la izquierda revolucionaria fueron prácticamente invisibilizadas. Por otro lado, el gobierno aseguraba que la reforma era socialista, aún cuando dejaba intacto el principio de la libre competencia capitalista como uno de los fundamentos del régimen socioeconómico, consagrado en el artículo 299 de la Constitución. La reforma consagraba la propiedad privada de grandes medios de producción, y elevaba a rango constitucional a las empresas mixtas. El socialismo no es una economía mixta, ni se construye en sociedad con los capitalistas, a través de mayorías accionarias. En aquellas ramas de la industria de los hidrocarburos en las que existe actualmente una situación de dependencia tecnológica o de alguna otra índole que haga indispensable la asociación con el capital extranjero, la asociación tendría que hacerse sobre la perspectiva de superar esa dependencia en plazos definidos, nunca como un fin en sí mismo, ni mucho menos como una forma de “socialismo”.
La crítica fundamental no consiste en reclamar que la reforma “no decretara la revolución”, sino que, lejos de plantear un modelo de transición, consagraba las características del status quo actual, y lo hiciera a nombre del socialismo. Por ejemplo, en lo tocante al Estado, se elevaba a rango constitucional el modelo asistencial de las “misiones”, como un modelo burocrático alternativo frente a la burocracia estadal tradicional. Nacidas como una respuesta experimental a la incapacidad del Estado para atender los problemas sociales más urgentes, las misiones se han ido contagiando gradualmente de los vicios burocráticos tradicionales, mientras que el aparato del Estado no ha sufrido ningún cambio sustancial. El cambio constitucional propuesto consagraba esa dualidad poco revolucionaria. Este método reformista de proceder a incorporar mampostería “socialista” a la estructura capitalista está destinado al fracaso.

La falta de claridad en cuanto al carácter y los alcances de figuras organizativas como los consejos de estudiantes, obreros, y campesinos, se tradujeron en la escasísima movilización de la población en defensa de instrumentos que le atañen directamente. La experiencia concreta de los consejos comunales dice que estas figuras, en un marco capitalista, terminan siendo instancias de legitimación de la gestión burocrática y de tercerización de las obras y los servicios públicos, y de ninguna manera son instancias de Poder Popular. Ni los millones de miembros de los consejos comunales, ni los más de cinco millones y medio de aspirantes a militantes del PSUV, votaron a favor de la reforma constitucional. Son hechos que deben llevar a una revisión del manejo oficial del tema del poder popular, y del problema del partido.

Las fallas estructurales del reformismo oficial, fueron las responsables de la derrota electoral. Mientras tanto, la campaña fascista no sólo echó mano de la violencia simbólica. También utilizó habilidosamente un recurso grotesco, al alternar el terrorismo crudo con los llamados a la paz, todo bajo la amplificación mediática de los canales privados de televisión. En Mérida, las mafias estudiantiles utilizaron la Universidad de los Andes como centro de operaciones para efectuar cortes en las avenidas y tirotear policías, al amparo de la inviolabilidad del recinto universitario y el apoyo logístico de las autoridades universitarias. En Caracas, grupos fascistas intentaron linchar y quemar a más de cien estudiantes en la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Central de Venezuela, y lo habrían logrado de no haber actuado un grupo de choque para desalojar de la edificación a los estudiantes sitiados.
En Valencia, fascistas que realizaban una toma de una carretera tirotearon a un grupo de trabajadores, asesinando a uno de ellos, de 19 años. Además de herirlo de bala, los fascistas le dieron una golpiza brutal. En el oriente del país, los terroristas prendieron fuego a un estudiante, hijo de un conocido periodista, quien repartía propaganda a favor de la reforma. Fascistas lanzaron un ataque incendiario en contra de la sede del PCV en San Cristóbal.

Lamentablemente, ante cada agresión en contra del pueblo, el gobierno ha complementado el clima general de impunidad con llamados a la reconciliación con los criminales y los fascistas. Esa estrategia le da fuerza al chantaje propagandístico, que anuncia que la paz será el resultado del triunfo político de la derecha, y desmoviliza a las bases populares bajo el argumento del respeto a una legalidad que no ha existido para los fascistas en estos ocho años, y que no se ha aplicado a la derecha. Un ejemplo patético de esto es el caso del fiscal Danilo Anderson, asesinado por perseguir judicialmente a los golpistas de abril de 2002. No sólo no han sido castigados los autores intelectuales de su asesinato, sino que los casos abiertos por Anderson con relación al golpe han sido abandonados por la Fiscalía General de la República. Otros casos emblemáticos son los de las víctimas del golpe del 2002, los campesinos sin tierra, asesinados por el sicariato ganadero; o los camaradas de la Coordinadora Simón Bolívar atacados por el gobierno y asesinados por sicarios por haber protestado en contra del canal Globovisión.

Este es el verdadero rostro de la política de la conciliación de clases: dado que la derecha no aspira a ninguna reconciliación que no nazca de la rendición incondicional de sus adversarios, el gobierno sacrifica en sus entendimientos con la burguesía a quienes están más dispuestos a defender al proceso revolucionario. La tarea más urgente del gobierno para evitar una derrota total en el mediano plazo es abandonar esa política perniciosa. Para castigar el desenfreno violento de los medios de comunicación privados, particularmente Globovisión, bastaría con la aplicación de las leyes vigentes, no haría falta restringir el derecho a la información en los estados de excepción, como planteaba la reforma del artículo 337 de la constitución.

El gobierno tiene la oportunidad de reevaluar los resultados de su política y buscar las razones de su aislamiento con respecto a las bases populares. Con la voluntad política para aplicar hasta sus máximos alcances la Constitución vigente; creando leyes nuevas que permitan hacer valer los elementos más progresistas de la propuesta de reforma, como la reducción de la jornada laboral y la universalidad de la seguridad social, el gobierno puede reforzar la base social necesaria para una reforma constitucional que refleje las conquistas obtenidas con la movilización popular en todos estos años. Esto implica valorar y difundir las experiencias más avanzadas de la lucha social, como el control obrero de Sanitarios Maracay. Para expropiar a un criminal de cuello blanco y conspirador como Álvaro Pocaterra y entregarle Sanitarios Maracay a sus trabajadores no hace falta un cambio constitucional, sino voluntad política: la Asamblea Nacional podría decretar mañana mismo la utilidad pública de la empresa. Si el gobierno se ha ensañado en contra de la experiencia de Sanitarios Maracay, a través del Ministerio del Trabajo y la burocracia sindical del CTR, o si ha permitido que se cometan impunemente crímenes en contra de los trabajadores de la Planta de Tratamiento de Desechos Sólidos de Mérida y los bienes públicos contenidos en ella, es porque su política inspirada en la conciliación de clases le lleva inevitablemente, al procurar un punto medio entre explotadores y explotados, a favorecer al capital y a golpear a los trabajadores.


Ese punto medio no existe, y los capitalistas nunca acompañarán un proceso que avance hacia una sociedad justa, sin explotación. No podemos esperar que los explotadores nieguen su propia condición, y si somos socialistas y revolucionarios, tampoco podemos negar la nuestra a nombre de que estamos en el siglo XXI.

Para demostrar que se busca un modelo de desarrollo económico socialista, se puede dar el ejemplo en la Sierra de Perijá, privilegiando a las poblaciones originarias y las fuentes de agua de la población zuliana por encima de los apetitos de las transnacionales del carbón. Abandonando los tratados contra la doble tributación y otros instrumentos legales a favor de la rapiña de la inversión extranjera. Ciñendo la participación del capital transnacional en el negocio petrolero a través de empresas mixtas, al criterio que ya esbozábamos, de una progresiva recuperación de la soberanía económica y tecnológica. Confiando realmente en el poder popular y estimulándolo al calor de la lucha, y no procurando su subordinación y cooptación. Un primer gesto simbólico y práctico a la vez sería remover a todos los ministros procapitalistas, o por lo menos a aquellos más activamente comprometidos con políticas antiobreras y antipopulares.

La reforma venía a reforzar las premisas equivocadas sobre las cuales se llevó a cabo la política gubernamental luego del triunfo en el referendum presidencial del 2004. El fracaso de la reforma puede ser aprovechado como una oportunidad única para evitar el fracaso total del proceso revolucionario. Lo que se frustró fue un gran paso en falso, por lo que se está en la posibilidad de dar un giro hacia una política que permita avanzar en el sentido correcto, hacia una sociedad verdaderamente justa y libre, sin explotación. Lamentablemente la línea oficial, expresada por el propio presidente Chávez, está muy lejos de anunciar la profundización de la revolución: 'Quizás no estamos maduros para empezar un proyecto socialista, sin temores. No estamos listos todavía para emprender un gobierno abiertamente socialista'. (http://www.aporrea.org/actualidad/n105788.html)

Esta línea refuerza las posiciones antisocialistas, tanto en la oposición como en el gobierno. Y si ese es el diagnóstico del alto gobierno, que la reforma era “demasiado avanzada” y que no estamos listos para el socialismo, cabe esperar más bien que recrudezcan las políticas de derecha en el gobierno. Del diagnóstico estratégico errado, esbozado por el presidente Chávez, se derivan tácticas erradas. Luis Tascón reivindica al MVR, como una maquinaria para ganar elecciones, frente al PSUV. No se le ocurre que los vicios del PSUV son la herencia de la burocracia del MVR y, sobre todo, se derivan de su concepción policlasista. (http://www.aporrea.org/actualidad/n105839.html)

El Ministerio del Trabajo, José Ramón Rivero, anuncia que se reunirá con Fedecámaras y la CTV el 4 de Enero. De esta manera revela en toda su crudeza el objetivo de su lucha encarnizada contra el sindicalismo clasista y la Unión Nacional de Trabajadores. (http://www.rnv.gov.ve/noticias/index.php?act=ST&f=2&t=57296)

Estos importantes síntomas evidencian que la burocracia gubernamental huirá por la derecha, y hará todo lo posible por establecer un pacto de gobernabilidad con la burguesía. En ese contexto se hace más urgente que nunca impulsar una política revolucionaria no subordinada al gobierno, y procurar instrumentos organizativos propios para el movimiento popular y los trabajadores. Estamos a tiempo para avanzar en esa dirección.

sábado, diciembre 29, 2007

A Bolivia, en la hora de los perros guardianes

Simón Rodríguez Porras

En Venezuela conocemos bien el comportamiento de la clase media que hace masa para la causa de la burguesía. Nunca formará parte de esa reducida clase parasitaria, pero aspira a ascender a ella. Mientras que esperan la alquimia social, los perros guardianes del viejo orden se contentan con imitar los gestos y los modales de los grandes propietarios: el racismo, la hipocresía, el culto necrofílico a la violencia tras el velo de la urbanidad democrática.
En Bolivia es la hora del terrorismo pequeño burgués, las bandas fascistas juveniles y los profesionales del crimen. Los mandaderos de la oligarquía alternan las "huelgas de hambre" con linchamientos fascistas en las plazas de la Media Luna; marcan las casas de los condenados a "muerte civil"; para sus emblemas ponen bombas en la sede de la Central Obrera Boliviana, incendian la casa de un diputado del MAS en Santa Cruz. Planifican el descuartizamiento del país más pobre de Suramérica en castigo a lo que Henry Kissinger llamó "la irresponsabilidad del pueblo", refiriéndose al Chile de Allende. El castigo que se le aplica al pueblo boliviano es la venganza de los poderosos por lo que lleva de este siglo en lucha por la reapropiación democrática de los recursos naturales. En este tiempo cayeron varios gobiernos como el del gringo Goni y surgió un gobierno presidido por un indígena izquierdista.

También hemos padecido los métodos de la propaganda fascista, su utilización del terror y los autoatentados con un cinismo macabro.
Conocemos ese racismo rabioso y cobarde común a los reaccionarios de ambas latitudes. Aquí nos dicen monos, allá nos dicen llamas. Sabemos de plazas tomadas en las que se lincha al que no sea suficientemente blanco, como a Elsa Morales en la Plaza Altamira, el espectáculo cotidiano de la violencia que la derecha boliviana llama "cívica". "Cívicos" se hacían llamar quienes en Venezuela organizaron y ejecutaron el peor sabotaje económico contra el país en el último siglo. Aquí los fascistas también marcan las casas. Sabemos de terrorismo juvenil al servicio de oligarquías seniles.
Los reaccionarios de Venezuela en Bolivia serían autonomistas.
Pero, sobre todo, nuestra lucha también es la misma. Aunque estos gobiernos se empeñen en no asumir al enemigo, nuestros pueblos son los que hacen la historia. Que los privilegiados de siempre no se sigan equivocando. A este siglo no entramos agachados.

martes, diciembre 25, 2007

Clase

Simón Rodríguez Porras


Que no nos encandile la vitrina del éxito,
la galería de las alegrías comerciales
falsa como la navidad.

Que no nos embriaguen con remedios para el dolor
de ser los huérfanos privilegiados del árbol de la violencia.
Que no nos vuelvan bisagra aceitada y sumisa,
engranaje entre la miseria viviente y la opulencia mortal.

Clase desclasada,
medio camino entre la vida y la amnesia.
Para nosotros serás el llamado al descarrilamiento:
Tu ferocidad disimulada nos formará para la resistencia
Tu hipocresía forjará nuestro amor por la verdad
Tus fantasías estériles nos comprometerán con los horizontes necesarios.

miércoles, noviembre 14, 2007

Cantos de Trabajo de Venezuela

Simón Rodríguez Porras

El canto de trabajo nos remite al origen mismo de la cultura y el arte, al presentarnos la música en su dimensión original, situada en un mundo en el que no existían fronteras entre el trabajo físico y el espiritual, como formas del ser humano incidir en la transformación de la realidad. El canto de trabajo es en sí mismo la integración de la actividad física y la creación del espíritu; al acompañar las labores más necesarias para la subsistencia, las eleva de la rutina mecánica a un rango creativo, estableciendo un puente entre lo cotidiano y lo trascendente. Vale recordar, hoy bajo el signo de la desintegración social y la división del trabajo, que el oficio del músico es una síntesis de trabajo manual e intelectual, aunque esto comúnmente lo pierda de vista el músico profesional, desvinculado de la base material de su sustento: la conciencia de esa naturaleza integradora de la música le reconciliará con los fundamentos y el auténtico sentido de su arte. El canto de trabajo puede tener un sentido liberador, a veces da ánimo en la faena, otras permite abstraerse en meditaciones. Es una forma de composición e improvisación abierta que confunde también las nociones de creación individual y creación colectiva, pues a lo largo del tiempo, y por efecto de la tradición oral, las generaciones se hacen coautoras de la poesía y la música.

Los cantos suelen ser individuales o responsoriales, los cantos individuales liberan el ritmo cuando la faena no exige regularidad, lo cual rara vez ocurre con los cantos responsoriales. La poesía tiende a presentarse en coplas octosílabas. En los llanos venezolanos aún se practica el arreo de ganado a lo largo de grandes distancias por caminos verdes. Para evitar que los animales se dispersen, el llanero se vale de cantos y melodías silbadas, tranquilizando a los animales a lo largo de la travesía y ofreciéndoles una efectiva guía sonora. El guía es auxiliado por un compañero que cubre la retaguardia, a modo de “cabrestero”, con lo que se logra envolver musicalmente al rebaño. “En un análisis muy general, se pudiera decir que estos cantos se caracterizan por el empleo de glisandos y falsetes; las melodías se desplazan a través de cromatismos, frecuentemente descendentes y silábicos, el ritmo es muy libre, generalmente de medida binaria, y se presenta con frecuencia el llamado tópico de cuarta y sexta, que consiste en la articulación de una tercera, generalmente menor, para descender inmediatamente sobre una cuarta justa.

De los pájaros del monte
Quisiera ser diostedé,
Que le hace la cruz al agua
Para poderla beber.
Para ser un buen llanero,
Tres cosas se han de tener:
Buena soga, un buen caballo,
Y una zamba a quién querer”. (1)

También establece el llanero un vínculo musical con el ganado vacuno a través del canto en el ordeño. Cantando, llama por su nombre a la vaca y a su becerro, y les mantiene dóciles mientras realiza las labores de ordeño.

“Lucero de la mañana
préstame tu claridad
para alumbrarle los pasos
a una ingrata que se va.
Mañana por la mañana
cubre tu patio de flores
que te viene a visitar la virgen de los dolores.
Clavelito, clavelito, clavelito
Estrella de la mañana
claro lucero del día
Cómo no me despertaste
Cuando se iba el alma mía.
Mariposa, mariposa, mariposa.
Allá arriba en aquel cerro
Tengo un pozo de agua clara,
Donde se lava la virgen
Los piecitos y la cara.
Nube de agua, nube de agua, nube de agua”

(Canto de ordeño, recopilado por Antonio Estévez).

Los cantos de trabajo del llano venezolano sufren la seria amenaza del ascenso de tecnologías sofisticadas aplicadas a la agroindustria; el imaginario llanero es progresivamente desplazado por la mecanización de los procesos productivos en el campo. La desaparición de tecnologías arcaicas como el trapiche y los molinos operados con bueyes, utilizados para la extracción del zumo de la caña de azúcar y la molienda del grano, ha implicado la extinción de los cantos que acompañaban esas tareas. Los trapicheros eran generalmente hombres, afrodescendientes, y de una profunda religiosidad, reflejada en algunos de sus cantos. También, en virtud de la dura explotación a la que se ven sometidos los trabajadores, el canto asume rasgos contestatarios, particularmente en la Sierra de Coro, cuna de grandes rebeliones negras y alzamientos revolucionarios.
“La rebeldía, de vez en cuando, esgrime su protesta, y los tremendos camaradas de José Leonardo Chirinos parece que rugieran tras las voces de braceros, boyeros y gañanes:

...
No quiero ser más güeyero
porque no me pertenece,
el día se me oscurece
en ida y vuelta al potrero” . (2)

El canto le devuelve la humanidad a un trabajo cuyo fruto es enajenado por el patrón. Cantos de trabajo y protesta también se escucharon en las minas de El Callao. Los cantos de lavanderas son un extraordinario ejemplo de polifonía en la música tradicional. En estos cantos originarios del Estado Yaracuy, cada voz sucede a la anterior en imitación, como un canon. Las lavanderas también pregonaban por las calles del pueblo cuando la claridad de las aguas del río hacía propicia su labor. El trabajo del pilón, de una cruda exigencia física, es realizado por mujeres, aunque hoy en día representa también un arcaísmo. En un gran mortero se reúne el maíz y se procede a desprender la piel del grano por la acción de un gran mazo de madera de alrededor de 4 kilos. La respiración y los quejidos imbricados con la acción de pilar van delineando la identidad rítmica del canto de pilón, en el cual suelen alternar dos pilanderas. La letra se pasea por temas amorosos y de la vida en el campo, subrayada por la gran fuerza emotiva de las melodías.

“y esa zoqueta se cree
ió, ió, que todo se lo merece
ió, ió, y vive en un piazo e rancho que el viento se lo estremece
ió, ió

Yo no quiero hombre casado
ió, ió, porque hiede a matadura
ió, ió, yo lo quiero solterito que huele a piña madura”


Cada vez más ahogadas en el ruido de las ciudades, aún persisten ciertas manifestaciones del pregón de fruteros, chatarreros, vendedores ambulantes, y trabajadores que ofrecen a domicilio sus servicios. En los terminales de pasajeros puede percibirse la preferencia del intervalo de la cuarta justa en los anuncios de las salidas y llegadas, lo cual pudiera considerarse una aproximación interesante, quizás involuntaria, a la musicalidad desde el trabajo.
Los nuevos tiempos requieren de una nueva musicalidad que acompañe y libere el trabajo físico. La liberación del trabajo de la enajenación implícita en las relaciones productivas desarrolladas bajo la égida del capitalismo no basta para hacer del trabajo productivo una actividad creativa. Es necesario que el trabajo material sea también trabajo espiritual. Un nuevo canto de trabajo para una nueva sociedad, un arte que asimile el desarrollo tecnológico y lo ponga al servicio del hombre creador: he ahí un reto para quien busque la posibilidad de una dimensión socialmente liberadora en su obra. Llegará el momento en que el músico vuelva a integrarse, en la transformación de la realidad, con el trabajo físico, en una nueva música de trabajo.

Notas
1.- “Enciclopedia de la Música en Venezuela”, Fundación Bigott, 1998.
2.- Íbid.

Bibliografía adicional:
- “Síntesis de la Etnomúsica en Latinoamérica”; Aretz, Isabel; Monte Avila Editores.